Y renacer.

Y de pronto un día todo aquello que habías oído, pero no entendido. Mirado, pero no visto. Tocado, pero no sentido…todo aquello se presenta de forma tan obvia y sutil, sin estruendo alguno que al principio parece que no pueda ser así. Tan simple. Tan obvio. Tan sumamente abierto y desnudo. Justamente ahí en frente. Sin esconderse. Para todos. ¿Cómo puede ser que fuera eso que está ahí enfrente? «¡ahí!, ¡ahí!» se dice uno. «No puede ser». ¿Tan obvio y tan claro y nunca me di cuenta?…miras alrededor y dices, no. Tiene que ser otra cosa más complicada.

Y una voz en tí ríe. Je.

Y entonces, al poco tiempo, entiendes la interminable belleza en esa simpleza.

Solo hay que abrir el corazón.

Deja un comentario