¿Quién sabe?

Ha pasado exactamente una semana, pero la sensación todavía perdura. El miedo a que un día desaparezca de la memoria se diluye ante la noción tranquilizadora del que ha visto la cima. Como un proceso matemático que se mantiene siempre contigo una vez comprendido. Hay puertas que una vez abiertas nunca más se pueden cerrar.

Quizás puedas olvidar atenderla durante un tiempo, en algún camino erróneo según qué rutinas nocivas o circunstancias divinas -todo aquello que no está en nuestro poder-.

No obstante, la luz queda. La vibración de lo que uno compartió sigue su trayectoria hacia las esquinas del Universo en ese espacio y tiempo cada vez más lejano; como una ola que viaja cada vez más ordenada, perdiendo fuerza desde el lugar de origen, pero no su esencia.

Ecos de las voces una vez originadas aquí y ahora van llegando a costas lejanas con su forma sincera e inocente. Vibraciones hermosas no obstante. La única forma dentro de nuestro poder de cambiar el mundo.

La batalla más dura se gana con la sutileza más fina. Una palabra bella tiene mucha más fuerza de lo que una vez acostumbraste a entender.

¿Quién sabe quién surfeará esa ola? 

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