Y cuando ya no queda ninguna columna en pie. En medio de las ruinas. Del vacío y la oscuridad. Cuando nadie viene a la fiesta, ni siquiera tu propio yo. Cuando la subordinación es total y absoluta y las cosas no es que no puedan ir peor sino que simplemente dejan de importar. Cuando el dinero es irrelevante. Cuando el abrazo no va a estar. En medio de ese abismo. En ese justo sitio; en lo profundo del estómago de esa monstruosa ballena que vive en el sitio más remoto del fondo del mar, allí donde nadie quiere mirar, justo allí…un tesoro. Una pequeña luz. En medio de lo más profundo de la más opaca oscuridad. ¡Una diminuta antorcha!