He estado muy equivocado todo este tiempo. Queriendo cambiar las cosas; haciendo, diciendo, reaccionando; gastando energía, atención y básicamente vida en lo que no debía. Contra lo que no debía. Contra lo que no entendía.
Una mezcla terrible de inocencia e ímpetu; egoísmo y agresividad, desesperación y sed de justicia. Inversiones en caminos equivocados. Malas decisiones. Mala suerte. Falsas esperanzas.
Quizás todo tenía que ocurrir así. Muy intenso todo. Capaz de lo mejor y de lo peor. Menudas películas nos montamos. ¿Cuánto queda cuando sobra todo?
Lo esencial.
Una infusión de hierbas cogidas del campo. Un bocado de algo. Tus ojos, tus manos y tus pies.
La apertura interna rechaza todo lo que quiere entrar de fuera. Un manantial que brota no necesita más. Una marea no puede ser frenada. No se puede tragar nada aquello que emana. Todo lo demás sobra cuando la piel de la Tierra se ha abierto y el pozo ha sido descubierto.
Existe un estado de dicha profunda dentro de uno desde el cual todo se tiene y nada se necesita.
La puerta es estrecha y el camino a menudo oscuro.
De pronto un día todo empieza a tener sentido. La magia existe. Hay tanto más que lo que estábamos acostumbrados a creer y uno se pregunta, –exactamente ¿dónde está el límite de todo esto?–
¿Dónde le pone uno la valla al oscuro espacio?
¿Cómo acotar lo Divino?
No sabemos nada y al mismo tiempo, cada uno lo tiene todo dentro de sí mismo.
Gracias por la oportunidad.