Ayuso demacrada. El cuadro de la virgen con su hijo en brazos mirando, compasiva en el dormitorio, presenciando…esto…lo que quiera que se llame. ¿En qué momento? ¿Cuándo se perdió todo norte y quedó el compás de lo que es la vida roto, destrozado, hecho añicos por un egoísmo suicida, el que encuentra uno en medio de su propio corazón? Una oscuridad tan loca y tan dantesca que es imposible de descifrar. O entender. O simplemente nombrar.
Cuando la oscuridad se alinee con el lado izquierdo, la tierra se rajará y sangrará como nunca antes lo había hecho.
Ayuso, aguanta.
Luz, muéstranos el camino.
Ājādí, hermanos.
Demos gracias al señor. Es justo y necesario.
