Intro

Se cierra otro ciclo con una luna llena en Aries. Casi demasiadas sensaciones descubiertas. Casi demasiados momentos. Casi demasiadas puertas. La transición fue un baile al ritmo de timbales lejanos. Un escenario en forma de pasillo por el que pasamos cada uno con nuestras más valiosas formas. Un diente mellado, un sombrero pequeño, carcajadas y despedidas que simbolizan siempre el despegue –literal, personal y a todos los niveles–. Una lágrima y una risa. Un baile. Una exhalación. Aries es una fuente de vida que cruje con el fuego de la tierra.

(continuará. -hay olas :))

The road to love.

What can be said when everything has already been said. Nothing is but a reminder of the past and obviously, it’s all within you.

A path long known appears if you are lucky enough to let go of it all. Including hope.

Learn to push aside that which springs to mind out of the darkness inside of you and make a constant habit of it.

Say no. I don’t need you. And with the gentle touch of a soft hand and an exhalation based on subtleness dissect and remove all that which leads you away from the love and the center and the light.

The hardest battle is won with the finest subtlety.

For this whole thing is really about you and nobody else.

The relationship you must water and nourish is with the God inside of you: Truth. Virtue. The voice that leads you. The Divine.

Once a flower has been born out of that depth you must face, the whole world around you will dance around that vibration to which you have been set.

And then you will know when you are not there.

And you will want to come back to it.

The Divine is found in presence.

Hear and look and feel yourself, sacrificing and letting go of everything that is not pure and not good.

Experience the joy of opening up to all that is around you, intensely, peacefully and in awe.

Feel the gratitude of being alive; the beauty above all. 

Indeed, beauty and nothing else will save the world.

Say thank you as you look to the sky having set yourself in humbleness at the door first, there where one can welcome things in; where patience reigns and understanding of the space for all things spring. There is room for it all. 

There is a place inside of you away from everything but presence. A spot in contact with the void where mind or ego is not. Where not interest, nor desire, nor future or past exist and where there is nothing but the limitless space inside your chest.

Where echoes from the soul resonate, where air and music meet and where the fire of life brings about waves and waves of awe, of light, of play and love.

In that spot, everything is possible. In that spot you find it all.

Y en el vacío…

Una luz te cogerá y te llevará de nuevo a la vida.

Paz, tranquilidad, armonía. Una vida simple. Un atardecer en alguna playa de algún lado. Un grupo de amigos jugando en las olas. Un coral, un momento sagrado. La magia de lo que se presenta frente a nuestros ojos y que otras veces ignoramos. Presencia auténtica. Plena.

No hay más.

Es todo lo que necesitamos.

«I was ready to give up» and other lies we tell often.

«To be ready to give up» is a lie in itself.

To commit suicide has nothing to do with giving up.

In fact, «giving up» is exactly what you need.

Nothing else.

Killing yourself is an act. It takes action. It is the furthest opposite of giving up.

It is the story you tell yourself taking over the experience of Life itself.

Some call it Ego. Some call it the Devil. It is a voice inside of you, different from your essence -that which you brought with you the moment you were born and were clean of all stories-.

However you want to call it, a portion of you, complex as it may be, an artifact to your true self and a force that leads you to do, to say, to act, to believe, to suffer…can take over your life if you are entangled with it for long enough.

Do not believe all the stories you tell yourself. 

And if I fall in love it will be by the depth in your eyes.

And they will both know of darkness and truth; of light and desires; of music and bliss, and of beauty and right sound. 

A door in which to stand. A passage which once was crossed. A thousand bridges burnt. 

A soul cannot hide the horrors it has seen, nor your feet can withdraw the steps that once took.

Love comes in many forms. A bird that flows in its song. A creek which sings in its place. A voice from within. All aimed towards one goal. A star in the horizon, intimations of the Divine.

¿Who are we if not creatures of some God? Sometimes terrible and sometimes not. Intoxicated by the mind. Intoxicated by the word. We run on by, remembering who we are not. But do we afterall?      

Do we really know why are we here for?

(…)

Some say we don’t. I choose to believe that there’s something beyond. Some things you can feel. Some place you can own. Down inside the deepest part of the It, that which words escape to explain, a beauty so great only tears can be drawn.

Joy and pure love. The connection of it all. The community in a look. Of all things from past, from present and from beyond. Of time and space.

Here. Now. Within you.

That, it is enough.

Nada. No sé nada.

He estado muy equivocado todo este tiempo. Queriendo cambiar las cosas; haciendo, diciendo, reaccionando; gastando energía, atención y básicamente vida en lo que no debía. Contra lo que no debía. Contra lo que no entendía.

Una mezcla terrible de inocencia e ímpetu; egoísmo y agresividad, desesperación y sed de justicia. Inversiones en caminos equivocados. Malas decisiones. Mala suerte. Falsas esperanzas.


Quizás todo tenía que ocurrir así. Muy intenso todo. Capaz de lo mejor y de lo peor. Menudas películas nos montamos. ¿Cuánto queda cuando sobra todo?

Lo esencial.

Una infusión de hierbas cogidas del campo. Un bocado de algo. Tus ojos, tus manos y tus pies.

La apertura interna rechaza todo lo que quiere entrar de fuera. Un manantial que brota no necesita más. Una marea no puede ser frenada. No se puede tragar nada aquello que emana. Todo lo demás sobra cuando la piel de la Tierra se ha abierto y el pozo ha sido descubierto.

Existe un estado de dicha profunda dentro de uno desde el cual todo se tiene y nada se necesita.

La puerta es estrecha y el camino a menudo oscuro.

De pronto un día todo empieza a tener sentido. La magia existe. Hay tanto más que lo que estábamos acostumbrados a creer y uno se pregunta, –exactamente ¿dónde está el límite de todo esto?–

¿Dónde le pone uno la valla al oscuro espacio?

¿Cómo acotar lo Divino?

No sabemos nada y al mismo tiempo, cada uno lo tiene todo dentro de sí mismo.

Gracias por la oportunidad. 

Y cómo hacer un río de un arroyo:

Apartar con sutileza lo que no es. Lo que desvía. Lo que ensucia. Lo que trae ruido.

Aprender y entrenar el arte de retirar con un sólo gesto del dedo índice, como el que mueve una fina cortina, todo aquello que ensombrece la visión clara y pristina del caudal que fluye frente a tus ojos. -Ahora no tú, obstáculo-. Y apartado con sigilo, se desvanece.

Y mirar entero aquello que es.

En este momento sólo tú, Esencia.

En este momento sólo arroyo. En este momento sólo el sonido del agua que fluye. La vibración de lo que es y debe ser.

Pequeños demonios intentarán romper ese orden en distintos tramos del cauce. Tú sonríes y relajas el cuello, el rostro, la cabeza, conociéndolos ya.

–Ajadí Madishí, Shuepáh, Shuepáhiá–.

Uno. Dos. Sueltas la tensión del brazo, sueltas las piernas. Suelta esa memoria. Suelta esa limitación, Suelta esa historia contada, que en el origen no es ni tuya. Suéltalo. Despréndete de todo. Despréndete de la riqueza, del confort, de la palabra.

Despréndete de la tensión. Despréndete del miedo que es otra sensación más que a veces nos roba el momento, la vida incluso, y que tiene también su lugar, pero debemos aprender a bajarlo del trono, porque ése no es su verdadero lugar. Su espacio es otro.

Aquí y ahora, no más. Con tu esencia. En tu esencia.

Recuerda quién eras cuando eras un simple bebé y el mundo se abría por primera vez a tus ojos. Qué dicha. Qué alegría. Recuerda tu esencia. Recuerda cuando eras un ser en el agua, flotando; mecido en ese estado original. Sin tensión alguna.

Derrite la tensión allí donde ocurra con la luz de tu atención, mirándola, dejándola el espacio para que cambie ese chirriar de todo lo que sobra por la vibración unísona del cauce que recorre ya casi todo.

Deja que el agua haga lo suyo y lime las asperezas que encuentra en su camino.

Dale espacio. Déjala ir.

Todo tu ser es un manantial.

Tú eres el agua y el camino.

Todo está en ti.

Todo cabe.

Hay espacio para todo.

(…)

Había un pequeño hilo de agua que fluía entre unas ásperas rocas allí donde antes no aparecía nada. Y mientras más atención le prestaba la niña, más agua parecía brotar de las piedras. El sonido del agua al chocar con las piedras y el brillo del reflejo del agua cada vez más potente parecían absorber todo lo demás. Pronto el hilo de agua que allí había aparecido al parecer de la nada se había convertido en un arroyo. El caudal aumentaba y aumentaba. Todo lo que pasaba es que Lucía no paraba de soñar con un potente e inmenso río. Y lo deseaba sin miedo a nada. No tenía nada que perder. ~

Y gracias Madre por la presencia.

🐍the snake always holds more

Y gracias Madre por la Vida.

Y por enseñarnos la sutileza. Por enseñarnos desde la paciencia.

Por tus flores, plantas y hasta las estrellas.

Porque todo cambia y el abismo es oscuro.

Porque en lo profundo del caos y las tinieblas una llama hace presencia.

Y aunque diminuta y sin estruendos, es más que suficiente.

Es todo lo que se necesita para guiarte de nuevo hacia la vida. Hacia el Sol y el firmamento. Dando espacio, una vez más. Dando bálsamo a esa herida.

El recuerdo queda atrás. Miles y miles de historias vividas. Una risa, una canción; una caricia, alma divina.

En ti la paz. Soplo de aire nuevo.

Gracias Mamá.

(a todas las Madres que hoy nos suben una vez más al cielo. Y al espíritu que en ellas vive y es nuestra Tierra. Feliz día de la Asunción.)

¿Cómo de libre eres si estás poseído por una idea?

–¿Qué quieres ser? Preguntó el gato que miraba a Lucía con su único ojo, el izquierdo, de forma totalmente fulminante, sin tapujos, cariño o hipocresía alguna.

En esos días, cualquier mono hubiera sido juzgado y condenado si mirara de una forma tan contundente y directa a otro mono, o mona. La ley de Delito de odio constituía que cualquier motivo que supusiera un sentimiento negativo en la víctima podría ser perseguido y enjuiciado por el bien y la seguridad de la comunidad, claro está.

Todo cabía desde hace algún tiempo bajo ese paragüas infame promovido desde la esfera política y mediática del Sistema y que permeaba ya a todas las áreas del día a día de una población cada vez más arrinconada.

La palabra había sido la primera en caer, pero inevitablemente la falta de comprensión de esta misma escondía la realidad del asunto. La palabra es un simple dibujo de la situación. La palabra no es necesaria para comunicar absolutamente nada. Un gesto y una simple vibración eran suficientes según qué caso para demostrar cualquier sentimiento. El odio había sido desde hace algún tiempo uno de los objetivos a erradicar de la faz de Saturno por según qué interesado o ignorante de pacotilla obsesionado con mandar sobre los demás.

Algunos decían que la misma Bestia estaba detrás de todo esto. Y quizás llevaban algo de razón. La ignorancia de una mayoría absurda, dócil, perdida, cobarde, alienada y básicamente dividida e incompleta hasta en lo más profundo de su ser había convertido todos los mapas de conocimiento de todas las comunidades anteriores a ellos en incomprensibles, irrelevantes, ignorados, abolidos e incluso según qué sitio, directamente quemados en alguna guerra entre hermanos.

«No hay nada más peligroso que no entender tu propia oscuridad». La frase a la entrada del templo había sido explícitamente borrada de todo texto educativo o cualquier panfleto de Gobierno.

Los profesores y mentes lúcidas de décadas atrás que habían osado ir en contra de las políticas de género e igualdad, cuando no muertos en sospechosos accidentes, habían sido tachados y eliminados del discurso político y todos los canales de televisión e Internet.

El mismísimo presidente de la nación más poderosa del mundo y capaz de mandar a todos a freír espárragos con el movimiento de un solo dedo era el primero en ser tachado y silenciado por promover el odio por estos otros tipejos convencidos en su pulcritud y su buenísmo recalcitrante.

El problema es que casi más de la mitad del planeta de las 146 lunas estaba convencida ya de que ellos eran realmente buenos e incapaces de ser malos y que los otros eran algo así como seres despreciables carentes de cualquier tipo de humanidad por no comulgar con su manca ideología.

Nunca se había visto una situación global con tanto mono convencido de tal perversión.

–¿Qué quieres ser?, volvió a repetir con su mirada el gato.

El viento volvía a sentirse incómodo como indicando la urgencia del asunto.

–¿Buena?, ¿Mala?…¿o Entera?

Se oyó el rechinar de cadenas y un inmenso crujido rompió el suelo bajo sus pies llevando a Lucía a un insalvable estado inconsciente mientras caía cada vez más rápido por la grieta.

(…)

Intoxicada por la palabra, recuerdo una vez más que el desorden es un abrigo con cientos de bolsillos, girones y pesadas cadenas de oro y plata. Historias, intereses, dinero, fama.

Vuelvo a recordar el sabor metálico del collar agarrado con dos argollas a cada extremo de la boca. La gravedad convierte lo que un día fue una sonrisa en un gesto de agonía.

El cuello tenso y el ceño fruncido vuelcan la cabeza hacia adentro exhibiendo una cresta rubia justo en medio de donde una vez hubo una corona iluminada. El aire se siente pesado. Las chicharras rechinan sus timbales como si el demonio las llevara.

La historia vuelve a repetirse una y otra vez para que todos la suframos hasta que alguien diga de cambiarla.

¿A dónde vas?, ¿De qué huyes?

¿De ti mismo?

¿De tu oscuridad?

«Solo los fantasmas no proyectan sombra alguna». La última frase que escuchó del gato justo antes de caer en el abismo volvía a resonar en el estómago de Lucía.

El mundo había sido tomado casi por completo por la Bestia. Y ella seguía encerrada en aquella celda.

(extracto de Lucía en Saturno)