Piel Seca

Y cuando ya no queda ninguna columna en pie. En medio de las ruinas. Del vacío y la oscuridad. Cuando nadie viene a la fiesta, ni siquiera tu propio yo. Cuando la subordinación es total y absoluta y las cosas no es que no puedan ir peor sino que simplemente dejan de importar. Cuando el dinero es irrelevante. Cuando el abrazo no va a estar. En medio de ese abismo. En ese justo sitio; en lo profundo del estómago de esa monstruosa ballena que vive en el sitio más remoto del fondo del mar, allí donde nadie quiere mirar, justo allí…un tesoro. Una pequeña luz. En medio de lo más profundo de la más opaca oscuridad. ¡Una diminuta antorcha!

Piel Seca

Perdonar es soltar. Soltar es rendirse. Una frente toca el suelo y se funde con lo más profundo de la Tierra. Unos ojos que no pueden contener el óceano, lloran. Los hombros caen como si fueran de hormigón. Todo el mármol de civilizaciones antiguas perecen en un montón de huesos, carne y piel seca. 

«Eli, Eli ¿Lema sabachthani?»

(…)

Im lead by winds, Im rooted by dreams.

In the Lord up above I have Faith.

I turn to Joy and dispense with doubt.

I sing to Love and wait for signs.

Im dear for more, I long for Life.

A path unlocks as I cry in awe.

Little monkey, keep on spinning!

Little monkey, oh dear, my boy.

                            (A Max, desde el corazón)

¿Quién sabe?

Ha pasado exactamente una semana, pero la sensación todavía perdura. El miedo a que un día desaparezca de la memoria se diluye ante la noción tranquilizadora del que ha visto la cima. Como un proceso matemático que se mantiene siempre contigo una vez comprendido. Hay puertas que una vez abiertas nunca más se pueden cerrar.

Quizás puedas olvidar atenderla durante un tiempo, en algún camino erróneo según qué rutinas nocivas o circunstancias divinas -todo aquello que no está en nuestro poder-.

No obstante, la luz queda. La vibración de lo que uno compartió sigue su trayectoria hacia las esquinas del Universo en ese espacio y tiempo cada vez más lejano; como una ola que viaja cada vez más ordenada, perdiendo fuerza desde el lugar de origen, pero no su esencia.

Ecos de las voces una vez originadas aquí y ahora van llegando a costas lejanas con su forma sincera e inocente. Vibraciones hermosas no obstante. La única forma dentro de nuestro poder de cambiar el mundo.

La batalla más dura se gana con la sutileza más fina. Una palabra bella tiene mucha más fuerza de lo que una vez acostumbraste a entender.

¿Quién sabe quién surfeará esa ola? 

«AJADÍ MADISHÍ, SHUEEPAAH SHUEEPAAH»

Pronuncia la frase una y otra vez cuando necesites soltar la ansiedad y generar el espacio necesario para poder abrir el corazón y sentirte mejor.

Siente como al pronunciar esas palabras se crea la figura fonética de una montaña durante la exhalación.

La exhalación ocurre de forma automática al pronunciar las palabras.

Se consciente de que antes de pronunciar la oración, inhalas para proceder a exhalar al hablar.

No pares tras el «madishí» para inhalar. Es solo una parada en la cima para después bajar con todo.

Todo el proceso ocurre naturalmente durante la exhalación.

Subimos a la cima, paramos para mirar y bajamos con todo.

Intenta ir cada vez más profundo y más grave con cada exhalación.

Nota como el hecho de pronunciar las palabras genera naturalmente una vibración.

Puedes sentir cómo la vibración pasa a través de las cuerdas vocales, desde tus pulmones, garganta, nariz hasta la cabeza, incluso los ojos y como esa misma vibración roza tu cabeza, orejas, hombros e incluso llega hasta tus piernas.

Es normal sentir escalofríos y una sensación de iluminación y brillo cuando se hace profundamente y con paciencia.

Puedes convertir la oración en un simple tarareo, e incluso prescindir del tarareo y convertirlo solamente en una idea en tu mente y un soplido por tu nariz.

Es muy guay esa vibra que se genera. Te abre el corazón al agradecimiento y es un recurso eficaz para soltar todo lo que no necesitamos.

Hay espacio para todo. Todo cabe.

Pureza sutil.

Existe un estado real y concreto y que todos podemos alcanzar cada mañana desde el cual la sonrisa es fácil; el aire ligero y los hombros se relajan soltando la tensión con cada expiración.

Cuando este estado se consigue, el pecho se abre creando un espacio en el cual el corazón se manifiesta y toma el protagonismo. Y entonces todo a tu alrededor resuena con esa frecuencia que emana de esa vibración. Búscala!

Eres tú ese faro en el universo. Está en ti esa capacidad de ser el primero en darle al gong.

Es tu naturaleza. Es nuestra naturaleza.

Buenos días, corazón. 🚀❤️

¿A qué aspiras?, preguntó.

A una casa con las puertas abiertas.

Donde entre el fresquito y los bichitos.

Que tenga alma y recuerdo.

Que llore y ría de alegría.

Con un trocito de suelo lindo,

Para descansar todos tus miedos

Y renacer con mil suspiros

De gratitud, dicha y lamento.

Una estrellita en el firmamento 

¿Cómo nombrar lo que es Divino,

Si siempre hay más que lo que vimos?

La alegría de vivir. Comunidad, gozo 

Y sentido.  Estamos vivos. 

                                                Mae mía. 🙂

Y renacer.

Y de pronto un día todo aquello que habías oído, pero no entendido. Mirado, pero no visto. Tocado, pero no sentido…todo aquello se presenta de forma tan obvia y sutil, sin estruendo alguno que al principio parece que no pueda ser así. Tan simple. Tan obvio. Tan sumamente abierto y desnudo. Justamente ahí en frente. Sin esconderse. Para todos. ¿Cómo puede ser que fuera eso que está ahí enfrente? «¡ahí!, ¡ahí!» se dice uno. «No puede ser». ¿Tan obvio y tan claro y nunca me di cuenta?…miras alrededor y dices, no. Tiene que ser otra cosa más complicada.

Y una voz en tí ríe. Je.

Y entonces, al poco tiempo, entiendes la interminable belleza en esa simpleza.

Solo hay que abrir el corazón.

Cuando uno para y mira atrás.

¿Alguna vez has estado sólo durante un tiempo, quizás de viaje, en alguna misión o aventura y después de varias horas, a lo mejor días, semanas, incluso años, en medio de esa soledad te has dado cuenta de que en realidad nunca estuviste sólo.

Que todo ese tiempo estuvistes acompañado de un monólogo, unas conversaciones, a veces profundas, a veces encontradas…otras muchas sin sentido.

De forma que a pesar de no haber tenido oportunidad de intercambiar opiniones o haber socializado mucho más que las pocas veces en las que te cruzaste con algún desconocido, si es que los vistes y te atreviste a romper el entretenimiento interior, el recuerdo queda lleno de imágenes y discursos como si todo hubiera sido pasado por alguna serie de televisión?

Al final, por muy solos que pensemos que estamos, nunca estamos del todo solos. 

El hombre sin rostro se preguntaba entonces. Su pecho volvía a arder como solo antes había ardido al estar en ella:

“¿Por qué aquella vez había sido distinto?”

Intuía que quizás solo ella tenía un vacío capaz de soportar la magnitud del suyo. Que debajo de todos los disfraces y las palabras y los arrebatos y los cambios de humor; a pesar de los «te quiero» y los «nunca más» que hacían de aquello un auténtico caos de emociones diversas humanamente imposibles de entender, había algo único y sincronizado; poderoso y bello; capaz incluso de fundir el infierno donde ambos habían habitado quién sabe cuántas vidas anteriores.

El hombre sin rostro prosiguió:

—Es la sinceridad de poder abrirme en un gesto. De dártelo todo a cambio de nada.  De no esperar ninguna respuesta y simplemente fundirme en ti, de frente, mirándote a los ojos; apreciando cada poro de tu piel y tu belleza, tus miedos y trastornos, tus gritos y pasiones. Vaciarme en ti. Morir y renacer, como ya tuve la inmensa suerte de vivir una vez. Pero esta vez en ti. Un contenedor de todos mis males.

Paró un par de segundos para atender a la sensación de calor que sentía en su pecho ahí donde una vez solo había un inmenso boquete que iba desde el cuello a los pies. Prosiguió mientras sentía esa fuerza que nunca antes había sentido. Estaba vivo.

—Y en ti la luz. La inmensa fuerza que calienta y da vida. Que irradia la esencia y la magia que es eso. La pureza del amor cuando dos almas rotas se suturan en una inmensa bola de fuego capaz de fundir cualquier abismo. Desde el vacío.

Ella ni se inmutó.